El impacto que la innovación y modernización tecnológica ejercen en los sectores productivos y extractivos, para conseguir alcanzar los niveles de competitividad y sostenibilidad que el mercado global requiere, es innegable. 

Hoy en día para ser competitivo no es suficiente con lograr los máximos de productividad, conseguir ahorros de costes antes impensables, o conseguir niveles de eficiencia nunca vistos. La clave de la competitividad en el sector extractivo pesquero, la acuicultura o la industria conservera como en cualquier otro ámbito, reside fundamentalmente en que el cliente final valore la calidad y garantías del producto, hasta el punto de que lo priorice por encima de la ingente oferta que le llega cada día.

El objetivo debe ser conseguir una fidelización sólida y duradera del cliente. Y esto, en un mercado cada vez más global y para alcanzar cuotas importantes en mercados internacionales, pasa por la necesidad de garantizar que el producto llega en las condiciones óptimas y que cumple con los requerimientos legales de cada destino.

Y es en la calidad y seguridad del producto pesquero en la que tantos factores influyen y condicionan un resultado final satisfactorio, lo que obliga a la industria a implantar procedimientos que faciliten un control óptimo y eficiente del producto resultante. Es en este ámbito en el que la innovación tecnológica debe jugar un papel fundamental tratando de dar respuesta a las necesidades que van surgiendo en los sistemas productivos o extractivos pesqueros.

En este sentido, son los proveedores de tecnología los que deben garantizar que las soluciones ofertadas cumplen con la fiabilidad y precisión de funcionamiento o de aplicabilidad. 

BIOLAN MICROBIOSENSORES, compañía vasca de biotecnología, como proveedor tecnológico del sector alimentario desde hace más de diez años, ha sido muy consciente desde el principio de los obstáculos a superar para dotar de absoluta garantía a sus productos tecnológicos. Como líder mundial en la aplicación de la tecnología biosensórica a la monitorización de la calidad y seguridad alimentaria, BIOLAN dedica grandes esfuerzos en acreditar la precisión, fiabilidad y repetitividad de sus innovadores equipos de cuantificación de analitos de interés en alimentos, basados en biosensores.

Un biosensor consiste en un elemento de detección biológico acoplado a un transductor físico-químico que convierte la señal biológica producida por la interacción entre el elemento de detección y el analito, en un resultado cuantitativo. Los Biosensores BIOLAN combinan la alta especificidad y selectividad de enzimas específicos con una transducción amperométrica de la señal, fácilmente detectable y cuantificable.

En base a esta tecnología biosensórica, BIOLAN ha ido progresivamente desarrollando nuevas aplicaciones para la industria alimentaria, como es la línea BIOFISH que ofrece biosensores para la cuantificación de histamina en pescado y el sulfito en crustáceos, de una forma precisa, rápida y sencilla, en cualquier punto de la cadena de producción, procesado o expedición

Histamina, el mejor indicador de la frescura y la calidad del pescado.

La Histamina, cuyos contenidos máximos vienen regulados mediante legislación comunitaria, se ha convertido en el parámetro clave para la determinación de frescura y calidad del pescado, siendo la causante de intoxicaciones alimentarias similares a las producidas por alérgenos alimentarios.

Y es que la histamina, recientemente protagonista de episodios cercanos de alarma en seguridad alimentaria, es considerada como el principal indicador de deterioro en algunas especies pesqueras. El contenido de histamina en el pescado recién capturado es prácticamente nulo, tras su muerte, los microorganismos comienzan a transformar la histidina libre presente en el pescado en histamina.

A la población bacteriana propia se une aquella de los manejos post-captura, por lo que se produce un crecimiento exponencial de bacterias en el proceso de pérdida de frescura, de modo que en 24 horas y a temperatura ambiente, las concentraciones de histamina pueden sobrepasar las 2.000 ppm (2 grs/kg.).

La presencia de concentraciones altas de histamina en alimentos, 200-500 ppm, puede provocar intoxicación en los consumidores, apareciendo efectos fisiológicos indeseables. Es por ello que el análisis del contenido de histamina en alimentos es importante para la seguridad alimentaria, estando sus niveles regulados por la legislación en el procesado de pescado. La Comunidad Europea (EC No 2073/2005) establece un contenido máximo de entre 100 y 200 ppm de histamina en pescado. Al ser una molécula termoestable, permanece en el pescado tras ser sometido a tratamientos térmicos. Por tanto, la histamina es un marcador muy eficaz para garantizar la seguridad y la calidad alimentaria en pescados.

Hasta hace bien poco, únicamente se utilizaban técnicas de análisis complejas para la detección de histamina como HPLC de cromatografía líquida de alta precisión, inmunoensayos tipo ELISA, y métodos enzimáticos, todas ellas llevadas a cabo principalmente en laboratorios especializados.

Sin embargo, hace más de 4 años, BIOLAN revolucionó el sector con el lanzamiento de un método propio diferenciado, el BIOFISH 300 HIS, que permite la cuantificación de histamina en pescado o derivados, de una manera precisa, sencilla y rápida. Su bajo coste y la posibilidad de análisis a tiempo real en tan solo 2 minutos, sin necesidad de un tratamiento previo de la muestra, implica que puede ser manipulado por personal no cualificado, posibilitando a la industria del pescado realizar sus propios controles.

Pero BIOLAN ha ido más allá, y recientemente ha lanzado al mercado BIOFISH 700 HIS, una solución portátil para un análisis todavía más rápido y preciso en cualquier punto de procesado del pescado, facilitando un control integral de máxima calidad, basado electrodos serigrafiados desechables.

Monitorización integral de sulfito en crustáceos, garantía de máxima calidad

El sulfito se usa como aditivo alimentario por sus propiedades antioxidantes y antimicrobianas que ayudan a preservar la calidad y apariencia de los alimentos (crustáceos, vino, cerveza, productos cárnicos, frutas y verduras desecadas...). Como tal está recogido en el Reglamento nº 1129/2011 de la Comisión Europea (modificando el CE 1333/2008), por el que se enumeran los aditivos alimentarios autorizados y se limitan los niveles máximos de SO2 por categoría de productos alimenticios (mg/kg o mg/L).

Sin embargo, la ya contrastada hipersensibilidad a los sulfitos por parte de muchos consumidores, especialmente personas con problemas respiratorios, que puede desencadenar alteraciones respiratorias y reacciones cutáneas, ha llevado a considerarlos alérgenos alimentarios por las principales organizaciones internacionales que velan por la seguridad alimentaria: Comisión Europea conforme a la Directiva 2000/12/CE; Comisión del Codex Alimentarius; Administración de Alimentos y Medicamentos FDA-USA 1986. Solo en mayo de 2017 la UE ha notificado 2 alertas alimentarias relacionadas con el contenido en sulfito en crustáceos (RASFF Portal May 2017).

En consecuencia, la concentración de sulfito debe aparecer en el etiquetado de los alimentos, cumpliendo el Reglamento de la UE 1169/2011, sobre la información y el etiquetado que la industria agroalimentaria debe cumplir en relación a los alérgenos. Reglamentos similares sobre etiquetado de alérgenos alimentarios y protección al consumidor se aplican en los EE.UU. (FDA, Ley Pública 108-282 de 2004) o Canadá (Reglamento de Etiquetado de Alérgenos Alimentarios en la Gaceta de Canadá, Parte II, 2011).

En la industria de los crustáceos, el sulfito se añade para prevenir la melanosis tras la captura de las piezas y durante todo el proceso de producción y manipulación. La melanosis es una reacción enzimática de oxidación que se desencadena con la muerte del animal y que aunque no afecta la sabor del alimentos ni a la salubridad del consumidor, sí que tiene un drástico impacto en la aceptabilidad visual del consumidor y por tanto, en el valor percibido en el mercado.

La normativa europea establece el nivel de sulfitos (E-220 - E-228) máximo en crustáceos frescos, congelados, ultracongelados y cefalópodos, en 150 mg/kg para ser consumido como alimento. Por tanto, la industria debe monitorizar la concentración de sulfito a lo largo del proceso de producción para cumplir la normativa existente. Pero además, los niveles de sulfito superiores a 10 mg/kg o 10 mg/L deben ser declarados en la etiqueta para informar sobre los riesgos para un potencial consumidor hipersensible.

El cumplimiento de toda esta legislación supone un reto más para la industria productora de crustáceos que debe implantar procedimientos internos de monitorización y trazabilidad del contenido de sulfitos a lo largo de la cadena de producción, habitualmente integrados en sus sistemas HACCP (Hazard Analysis and Critical Control Points), para lo que tienen que ser sencillos, rápidos y evidentemente precisos.

Actualmente el método más utilizado para la determinación del sulfito es el denominado Monier-Williams (AOAC 962.16), si bien el tiempo de análisis es elevado y la precisión cuestionada por emitir falsos negativos, incidencias concurrentes en la utilización de otros métodos.

Es por ello, que BIOLAN desarrolló BIOFISH SUL para cuantificar el sulfito en crustáceos, de una forma rápida, precisa y sencilla, tanto a nivel de laboratorio, con un biosensor de sobremesa (BIOFISH SUL 300), como por ejemplo en los tanques de agua donde son tratados los camarones mediante un biosensor portable, BIOFISH SUL 700, basado en biotest serigrafiados desechables y precalibrados. De esta forma, se facilita un control integral del sulfito en todo el proceso, en sus puntos más críticos, evitando la presencia excesiva de sulfito en las diferentes etapas del procesado del camarón.

Tecnología biosensórica de BIOLAN certificada al más alto nivel

Además de las múltiples validaciones externas que BIOLAN lleva cabo de cada uno de sus productos, la estrategia de la compañía es alcanzar el reconocimiento máximo y a nivel mundial de su tecnología, y esto lo ha conseguido ya en dos ocasiones.

En 2016 el BIOFISH 300 HISTAMINA obtuvo la certificación AOAC® Perfomance Tested SM, licencia 05160, por parte del AOAC Research Institute, y en 2018 fue BIOFISH300 SUL el que obtuvo igualmente dicha certificación AOAC®, licencia 031802, para la detección de sulfito en camarón en los rangos 30-150 y 50-300 mg/kg, establecidos en la legislación vigente.

Ambas certificaciones demuestran que los biosensores de BIOLAN presentan una sensibilidad fiable y equiparable a los métodos oficiales de referencia.  Por lo tanto, el método BIOFISH de BIOLAN, tanto en la serie 300 para laboratorios, como en la serie 700 como equipo portátil de campo, aportan velocidad y precisión en el proceso de garantizar seguridad alimentaria, sin utilizar reactivos químicos y por lo tanto, sin generar ningún residuo.

RAPIDEZ, EFICACIA, PRECISIÓN Y SOSTENIBILIDAD

Autor: Biolan

Fuente: International Aquafeed
 

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