Tendemos a pensar que los tiempos en los que vivimos son "los más" en comparación con generaciones anteriores. La nuestra es la más difícil económicamente, por ejemplo, o la más complicada en materia de violencia, la más cambiante, con la juventud más apática, la mayor cantidad de incidentes de crisis.

La verdad es que cada generación cree que su tiempo es el más difícil, pero al mismo tiempo el mejor porque las cosas se hicieron como 'debían ser'. Sin embargo, la época actual tiene un componente que la hace diferente al resto, algo que ni siquiera fue eso en otras épocas lo que la convierte en un motivo de preocupación porque siempre se dio por hecho. Este es el componente, el clima.

En efecto, el clima, o mejor dicho el cambio de clima o el cambio climático en la actualidad es, o debería ser, el tema más importante de la agenda internacional, nacional y local, ya que la base de nuestra sociedad, buena o mala, se está alterando de tal manera. de una manera que está desafiando tanto su estabilidad como su continuidad.

Quizás lo más curioso de este caso es que lo sabíamos desde hace mucho tiempo, podemos leer recortes de periódicos de 1912 donde ya advertían sobre la liberación de miles de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera por la quema de carbón, y sus consecuencias.

Hoy en día la abrumadora cantidad de evidencias sobre la alteración del clima por la actividad humana y sus consecuencias no deja lugar a dudas, lo que nos obliga a actuar al respecto, hagamos lo que hagamos.

La acuacultura genera más alimento que la pesca

Quizás la industria más sensible a estos cambios sea la industria alimentaria. Esto se debe a que trabaja en estrecha colaboración con los recursos naturales de primera mano, especialmente las tres mayores riquezas que tiene este planeta y que sustentan la vida en él: el suelo, el agua y el aire. Todo lo cual ha sido sistemáticamente ensuciado, abusado, destruido; por el bien de una generación de riqueza incomprendida, ya que, si destruye la naturaleza, no es riqueza.

Y por supuesto, la acuacultura no se escapa.

Irónicamente, la cría de organismos acuáticos es una de las formas más eficientes de generar proteína de calidad para el consumo humano, y que a su vez es una de las más sensibles a los cambios de temperatura ambiental, del agua de ríos, lagos, lagunas y mares y alteraciones en los patrones de lluvia.

La acuacultura genera hoy más alimentos para las personas que la pesca, y en muchos países más que el ganado, por lo que la acuacultura es una actividad prioritaria para la nutrición humana.

Dada la importante crisis ambiental de la que apenas estamos comenzando, la acuacultura, como la solución que siempre ha sido, debe asumir un papel mucho más activo en mostrar soluciones que contribuyan a la mitigación del cambio climático y todas sus consecuencias.

De ahí que se estén llevando a cabo más iniciativas de gestión ecoeficiente en las fincas de producción, cuidado y conservación de los recursos naturales y más allá, con iniciativas de limpieza y restauración en los lugares donde se desarrolla la actividad.

Las oportunidades son mayores que el desafío

En un principio, solo como acciones aisladas de cada acuicultor, paulatinamente se han ido conformando iniciativas cada vez más articuladas buscando un mayor impacto, a través de asociaciones de productores que, preocupadas y trabajando por el futuro de su propia fuente de ingresos, toman medidas para preservar la base de su actividad.

Un ejemplo interesante son las asociaciones de productores de acuacultura de truchas en la parte sur de la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca (centro de México), quienes organizan actividades de cuidado forestal y reforestación en sus comunidades, entendiendo que sin bosque no hay agua, y sin agua hay no hay ingresos, estabilidad y cohesión social que les da la acuacultura.

Otra cosa igualmente alentadora es que existen iniciativas que han descubierto otras formas de atacar el problema, como el movimiento 'Pesca con Futuro'. Este movimiento, nacido como una campaña de promoción, busca introducir y desarrollar la sustentabilidad de la acuacultura de manera bidireccional desde la perspectiva del mercado.

El foco está en la promoción del consumo de productos ambientalmente responsables demostrable con el apoyo de eco-certificaciones, entre líderes de opinión gastronómicos y centros de consumo como los supermercados. En otro sentido, en el estímulo para que la industria acuícola avance en buenas prácticas ambientales certificables.

Esto lo hace avanzar hacia un círculo virtuoso: generar demanda de productos amigables con el medio ambiente. Esto a su vez estimula la reconversión de la industria hacia la sustentabilidad; una reconversión que es fundamental para nuestro futuro y porque también satisface las necesidades de un número cada vez mayor de consumidores que buscan, dentro de sus argumentos de compra, además de los beneficios de calidad y salud, la sostenibilidad como una forma de contribuir a la construcción de su propio futuro, ambientalmente saludable.

El desafío ambiental es enorme, pero las oportunidades son mayores que el desafío. También es estimulante ver cómo los movimientos de conservación y sostenibilidad poco a poco van insertando la idea del cuidado del medio ambiente como argumento de compra.

Por tanto, el consumo de productos responsables se convierte en una herramienta poderosa, tan potente como el propio poder adquisitivo, al alcance de todo consumidor, convirtiéndose en una parte activa fundamental para frenar y revertir el principal problema que nos ha llevado a la crisis medioambiental sin precedentes. - la actitud de apatía y la ignorancia del poder de elección que tiene cada consumidor.

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